domingo, 19 de noviembre de 2017

EL MANUSCRITO REGIUS (1390)





Hoy vamos a tratar el Manuscrito Regius, que es el primer documento que se conserva de los denominados Antiguos Deberes, los primeros documentos y la formulación ritual más antigua que se conserva de la Masonería. Se da además la circunstancias de que el documento Regius es único en su especie: mientras que los demás manuscritos de Antiguos Deberes incluirán elementos profesionales y morales, el Regius incluye también el elemento puramente iniciático (entendiendo la Iniciación como fenómeno místico).

Para entender el manuscrito Regius conviene primero ponerlo en su contexto histórico. En 1066 habia tenido lugar la batalla de Hastings, en el sur de Inglaterra. En esta batalla las tropas normandas derrotarían al último rey anglosajón, Harold II, y comenzaría el largo dominio normando de Inglaterra. El tremendo peso de la cultura francesa en Inglaterra se daría a todos los niveles. A título de curiosidad os comento que hoy en día el 70% del vocabulario inglés tiene etimología francesa.

Abadías cistercienses en Inglaterra
Un elemento muy importante que entró con la cultura francesa fue el Císter. Durante los siglos XII y XIII se produciría un fenómeno religioso de origen francés: la Orden del Cister, que gracias a la energía de Bernardo de Claraval se extendería por toda Europa. La Orden del Cister practicaba la Regla de San Benito, y dado el extraordinario desarrollo y peso específico de esta Orden, su Regla se convirtió en un paradigma ritual. En una Inglaterra bajo gobierno normando, su desarrollo fue inmediato. Sin duda no solo fueron únicamente los usos masónicos los que se inspiraron en la Regula Monachorum, sino sin duda todos los gremios, máxime si tenemos en cuenta que la Iglesia era el principal cliente de muchos gremios. Era la etapa de las Cruzadas y el comienzo de la construcción de las grandes catedrales.

El Císter practicaba la Regla Benedictina; y además era uno de los principales clientes de los canteros, cuando los canteros no eran los mismos monjes, de modo que la influencia que tuvo la Regla Benedictina en los usos masónicos fue muy marcada. Tanto, que hoy en día los masones seguimos haciendo en nuestras tenidas muchas cosas prescritas por la Regla. Podéis ver la influencia de la Regula Monachorum en la Masonería en la entrada del blog que ya hicimos a este respecto:





Los Antiguos Deberes (Old Charges) fueron desde su aparición en 1390 (manuscrito Regius) los textos de la Francmasonería que servían en una logia de masones operativos para recibir, una vez al año, a uno o varios Aprendices en el grado de Compañero. Para entender la estructura de un manuscrito de Antiguos Deberes debemos tener en cuenta que se trata de un texto destinado a ser leído a un candidato que va a entrar en una corporación profesional antes de que preste su juramento, por lo que los Antiguos Deberes tienen tanto una función profesional como moral. En este sentido se trata de una práctica común a todos los gremios profesionales, cuyas ceremonias consistían igualmente en la incorporación al gremio y la enseñanza de los usos morales de la actividad artesanal en cuestión. En el caso de los masones, según figura en el manuscrito Regius, la fecha era el 8 de octubre, día de los Cuatro Mártires Coronados. Una peculiaridad del Regius, y que también lo diferencia del resto de Antiguos Deberes, es que está escrito en verso.



El manuscrito Regius, el más antiguo de los Antiguos Deberes que se conserva (1390).

El manuscrito Regius, ofrece la siguiente estructura:

versículos 1 – 86         Historia geográfica del oficio de la masonería.
versículos 87 – 496    Lista de deberes masónicos incluyendo el juramento masónico.
versículos 497–534    Martirio de los Cuatro Santos Coronados.
versículos 535–537    Diluvio de Noé.
versículos 538–550    Detención de la construcción de la Torre de Babel.
versículos 551–578    Elogio de las siete artes liberales.
versículos 579–794    Lista de deberes morales propios de todo cristiano.


Lo primero que se constata es que el documento Regius es de carácter cristiano; no solo eso, sino que en él se cita tanto a la Santa Iglesia como a la Eucaristía, de modo que su cristianismo es católico romano. Únicamente a partir del cisma de la Iglesia de Inglaterra con Roma podrán considerarse los Antiguos Deberes como textos de carácter anglicano. 

Según el juramento ritual del Regius, el recipiendario debía jurar «ante sus Compañeros y Maestros», lo que nos hace deducir que se trataba de un Aprendiz Entrado que iba a pasar al grado de Compañero (los Aprendices Entrados no contaban con ritual entonces). El recipiendario juraba «mantenerse fiel a esas leyes» que se le acababan de leer y se convertía en Compañero. Inicialmente nos encontramos con elementos profesionales, pues nos encontramos alusiones al constructor Nemrod (Génesis 10, 8 – 12), a la leyenda de los pilares antediluvianos, a Abraham descrito como constructor (Génesis 12, 6 – 8) y la torre de Babel (Génesis 11, 1 – 9). Sin embargo, a partir del versículo 497 y hasta el final, el Regius olvida por completo su razón de ser profesional para convertirse en algo esencialmente distinto: a partir de ahora nos encontraremos con una serie de referencias apocalípticas (la muerte de los Cuatro Mártires Coronados, el Diluvio y el fracaso de la torre de Babel), que se ven seguidas por un elogio de las siete artes liberales, donde se concentra el contenido iniciático del manuscrito.





A la hora de describir el fenómeno místico dela Iniciación, los masones operativos han realizado numerosas probaturas. Lo más habitual es que tomasen como modelo a algún santo del Antiguo Testamento, ya fuese Enoc, Besalel, Noé o, como es hoy en día, Hiram Abiff. Sin embargo, lo que hicieron los autores del Regius fue aprovechar la Regla Benedictina para, modificándola, plasmar la Iniciación. 

La Masonería actualmente está tan adulterada que nos olvidamos que su razón esencial de ser es la Iniciación entendida como fenómeno místico, y solo así adquieren sentido los rituales y la secuencia de grados. Pero hoy en día la encontramos mezclada con un laicismo que no siempre es moderado, del mismo modo que la encontramos mezclada con una vocación política incompatible con la verdadera Iniciación, pues el místico huye al desierto, no se pone a discutir en el ágora. Por ello puede chocarnos la afirmación de que la institución que más sabe de Iniciación es la propia Iglesia Católica, la cual la lleva practicando en sus órdenes religiosas más de 1600 años (y el que no lo crea, que lea a Teresa de Jesús o a San Juan de la Cruz para ver las descripciones más atronadoras y espectaculares de la Iniciación). 

En la Regla Benedictina la parte Iniciática está contenida en el capítulo VII La Humildad. Este capítulo es relativamente largo y consta de epígrafes como Una escala que se sube bajando, El temor de Dios, No hagas tu propia voluntad, Conténtate con lo peor, etc. Veamos lo que se dice en Una escala que se sube bajando:

Por tanto, hermanos, si queremos llegar a la cumbre de la humildad y llegar pronto a aquella exaltación celestial a la que se asciende por la humildad de la vida presente mediante los peldaños de nuestras obras, tendremos que levantar aquella escala que Jacob vio en sueños y en la que se veían ángeles bajando y subiendo. Sin duda alguna, en el bajar y subir no entendemos otra cosa sino que por la exaltación se baja y por la humildad se sube. Pues esa escala levantada es nuestra vida temporal que Dios eleva hasta el cielo por nuestra humildad de corazón. Los largueros de esa escala son nuestro cuerpo y nuestra alma. La vocación divina ha dispuesto en ellos diversos peldaños de humildad o de observancia que se deben subir. 

Los autores del Regius sustituyeron las virtudes que promulgaba el capítulo VII por las Siete Artes Liberales:

Muchos años más tarde, el buen clérigo Euclides
El oficio de geometría enseñó por el mundo,
Y en este tiempo hizo también
Diversos oficios en gran número.
Por la alta gracia del Cristo en el cielo

Las siete ciencias fundó;

Gramática es la primera, lo sé,
Dialéctica la segunda, me congratulo,
Retórica la tercera, que no se niegue,
Música la cuarta, os lo digo,
Astronomía es la quinta, por mis barbas,
Aritmética la sexta, sin duda alguna,
Geometría la séptima, y cierra la lista,
Pues es muy humilde y cortés.

En verdad, la Gramática es la raíz,
Todos la aprenden en el libro;
Pero el arte supera este nivel,
Como del árbol el fruto es mejor que la raíz;
La Retórica mide un lenguaje esmerado,
Y la Música es un suave canto;
La Astronomía da el número, querido hermano,
La Aritmética demuestra que una cosa es igual a otra,
La Geometría es la ciencia séptima,
Y distingue la verdad de la mentira, lo sé;
Quien de estas siete ciencias se sirva,
Bien puede alcanzar el cielo.



Es decir, lo que está haciendo el manuscrito Regius es sustituir las virtudes que pueden conducir a la visión beatífica, fin último de la Iniciación, por las siete artes liberales, afirmando que "Quien de estas siete ciencias bien se sirva, bien puede alcanzar el Cielo", y dándole un protagonismo muy especial a la Geometría, a la que describe, de una manera platónica, como "la que puede separar la verdad de la falsedad"; es decir, no estamos hablando de una disciplina práctica o profesional. 

Seguramente estaba ya extendida entre los masones operativos la creencia de que la Geometría era una disciplina espiritual, del mismo modo que debía haber ya, como sucede hoy en día, una tendencia masónica que renunciaba al misticismo. Esto lo sabemos por el manuscrito Cooke, de c.1410, el cual es de un carácter muy distinto. En Cooke no aparece ninguna exposición moralizante de los efectos del mal, y además la lista de las artes liberales, que en Regius era un trasunto de la Escalera de Jacob que, practicada filosófica o platónicamente, permitía acceder al Cielo, en Cooke es presentada únicamente como unas ciencias y artes que permiten resultar gratos a Dios mientras uno se gana la vida trabajando honradamente. Pero Cooke no solo abandona la idea de que la práctica filosófica de las siete artes liberales conduce al cielo a quien las practica, sino que identifica a la dialéctica con la sofística, lo que es un verdadero golpe bajo contra Regius, pues si este concibe la dialéctica como un escalón de la escalera que conduce a la contemplación del Bien, los sofistas, al contrario, tenían una consideración práctica de la dialéctica, y ya Platón criticaba de ellos su formalismo y sus trampas, que perseguían no ya discernir la verdad sino presentar argumentos falaces como sólidos por medio de artificios retóricos, independientemente de su veracidad. El autor de Cooke estaba acusando a Regius de hacer trampas y estaba emborronando voluntariamente su espíritu iniciático. No es de extrañar que, más de tres siglos después, cuando en 1717 se fundaron los Modernos, estos escogiesen como Reglamentos el manuscrito Cooke, con el que compartían el rechazo al misticismo, plasmado en el Arco Real de los Antiguos.

Aparte de su contenido iniciático, Regius tiene otras partes sumamente interesantes y que nos demuestran el gran ingenio de su autor o autores, y por ello resulta difícil leerlo sin quedarse prendado de un texto tan extraordinario. Por ejemplo, reproducimos la parte de Regius en que explica cómo debía comportarse un miembro de la logia cuando se hallase ante un noble o un señor:

Quiero además enseñarte,
Y a tus compañeros, oíd esto,
Cuando ante un señor te presentes,
En una casa, en el bosque o en la mesa,
La capucha o el gorro debes quitarte,
Antes de estar frente a él;
Dos o tres veces, sin duda,
Ante el señor debes inclinarte;
Doblarás también la rodilla,
Y tendrás así salvo tu honor.

No te pongas el gorro o la capucha
Hasta que te dé permiso.
Todo el tiempo que hables con él
El mentón alto con franqueza y amabilidad mantén;
Así, como el libro te enseña,
Mírale a la cara con gentileza.
Tus pies y manos ten tranquilos,
Sin rascarte, ni tropezar, sé hábil;
Evita también escupir y sonarte la nariz,
Espera a estar solo para ello,
Y si quieres ser sabio y discreto,
Gran necesidad tienes de gobernarte.

Cuando entres en la sala,
Entre personas bien nacidas, buenos y corteses,
No presumas de nada,
Ni de nacimiento, ni de tu saber,
Ni te sientes ni te apoyes,
Es el signo de una buena y apropiada educación.

No te dejes llevar en tu conducta,
En verdad la buena educación salvará la situación.
Padre y madre, sean quienes sean,
Digno es el hijo que actúa dignamente,
En la sala, en la cámara, donde te encuentres;
Las buenas maneras hacen al hombre.

Presta atención al rango de tu prójimo,
Para dirigirle la reverencia que conviene;
Evita saludar a todos a la vez,
Excepto si les conoces.
Cuando a la mesa sentado estés,
Come con gracia y decoro;
Vigila que tus manos estén limpias,
Y que tu cuchillo sea cortante y afilado,
Y no cortes más pan para la vianda
Que aquel que puedas comer;
Si así actúas junto a un hombre de rango superior,
Bien entonces harás.

Déjale que se sirva primero la comida,
Antes de tocarla tú.
No cojas el mejor trozo,
Aunque él te lo indique;
Mantén las manos limpias y decentes,
Para no tener que usar la servilleta;
No la uses para sonarte las narices,
Ni te limpies los dientes en la mesa;
Ni mojes mucho los labios en la copa,
Aunque tengas mucha sed;
Esto te haría lagrimear,
Lo cual no es demasiado cortés.

Mira de no tener la boca llena
Cuando vayas a hablar o a beber;
Si ves que alguien bebe
Escuchando tus palabras,
Interrumpe pronto tu historia,
Para que beba el vino o la cerveza.
Vigila además de no ofender a nadie,
Por achispado que esté;
Y de ninguno murmures
Si quieres salvar tu honor;
Pues lanzar tales palabras
En molesta situación te pondrían.

Retén tu mano en el puño
Para evitar decir: “si lo hubiera sabido”,
En un salón entre bellas damas,
Ata tu lengua y sé todo ojos;
No rompas en carcajadas,
Ni armes jaleo como un bellaco.
No bromees si no es con tus semejantes,
Y no cuentes a todos lo que has oído;
Ni te vanaglories de tus actos,
En broma o por interés;
Con bellos discursos puedes realizar tus deseos,
Pero también los puedes echar a perder.

Cuando te encuentres a un hombre de valor,
No debes llevar gorro o capuchón;
En la iglesia, el mercado o el pórtico,
Salúdale según su rango.
Si andas con alguien de un rango
Superior al tuyo,
Ves por detrás de él,
Pues esto es de buena educación y sin falta;

Cuando él hable, estate tranquilo,
Cuando acabe, di lo que quieras,
En tus palabras sé discreto,
Y a lo que diga presta atención;
Pero no interrumpas su historia,
Aunque sea debida al vino, o a la cerveza.
Que Cristo entonces, por su gracia celestial,
Os conceda el espíritu y el tiempo,
Para comprender y leer este libro,
A fin de obtener en recompensa el cielo.

¡Amén! ¡Amén! ¡Así sea!
Digamos todos, por caridad.



Puede encontrarse el manuscrito Regius íntegro en la web de la Gran Logia de España:

lunes, 14 de agosto de 2017

UNA INTERPRETACIÓN HEBREA DEL TERCER GRADO


Rubén Baidez Legidos
En esta entrada del blog quiero ceder la palabra a un buen amigo mío, graduando en Teología en la Universidad Pontificia de Comillas (y protestante): Rubén Baidez Legidos. Empiezo a convencerme sinceramente de que uno de los problemas que los españoles tenemos para dar a la Masonería su verdadero significado radica en el desconocimiento total que el masón español, de formación por lo general católica, tiene del Antiguo Testamento. No voy a entrar a juzgar las razones por las que las Iglesia Católica (que es mi Iglesia, y razones cuya lógica comprendo) prefiere que la Biblia sea tamizada a los feligreses desde el púlpito. Pero, en el caso de los masones, esto nos deja en franca desventaja con respecto a los protestantes, ya que formamos parte de una orden cuyo simbolismo es fundamentalmente veterotestamentario, al tiempo que no tenemos hábito exegético ninguno.

Pensaba presentar esta conversación en torno al Tercer Grado como algo fortuito. Pero la verdad es que surgió en el Cementerio Nuevo de Benidorm. Rubén y yo habíamos acudido a rendir un último saludo a un amigo común, y se ve que las circunstancias y el lugar hicieron surgir el tema del grado de Maestro Masón. Como masón que soy tengo mi idea clara acerca de lo que se representa en el Tercer Grado, pero me sorprendió mucho escuchar una explicación simbólica tan coherente por parte de alguien que conoce en profundidad el Antiguo Testamento y está familiarizado con la mentalidad y los usos hebreos. Le pedí que me lo enviase por escrito para incluirlo en el blog, y aquí está. Espero que lo encontréis tan interesante como lo encontré yo.


Alberto Moreno




UNA INTERPRETACIÓN HEBREA DEL TERCER GRADO


La tradición en las iniciaciones mistérica nos deja un presupuesto teológico muy claro y definido, según el cual el ánima con el que nuestro cuerpo se ve “animado” tiene una existencia pre-terrenal y en cierto modo supraterrena. Esta idea la vemos recogida y muy bien expresada como paradigma de esta creencia en la filosofía del mismísimo Platón en obras tales como el Fedón[1], diálogo en el que se relata las últimas horas de Sócrates en la tierra, sus últimas palabras y conversaciones con alguno de sus amigos o en otras como el Menón.

Platón
La idea fundamental de la que parte Sócrates, Platón e incluso los pitagóricos es la misma que encontramos en la concepción religiosa del momento. El alma es concebida como algo distinto al cuerpo (dando lugar así al dualismo entre cuerpo (sôma) y principio vital llamado: alma (psique)). El alma tendría una existencia pre-terrenal y en cierto sentido pertenece al orden de las cosas eternas, mientras que por otro lado, el cuerpo atado a la materialidad es perecedera y cambiante. Es así pues, como el cuerpo se transforma en la tumba, prisión o simple vehículo de nuestro ente espiritual y eterno.
Pero ¿Cómo llega el alma al cuerpo? Según la tradición, el alma de forma accidental o más bien por cierto “pecado original” se ve abocada a la pérdida del paraíso metafísico en el que se encuentra de dicha plena, para verse precipitada a esta cárcel inerte y oscura de materialidad. El alma en este proceso de “encarnación” olvida su auténtica identidad espiritual y su existencia pre-terrenal[2]. Teniendo en cuenta esto, el método mayéutico usado por Sócrates adquiere un mayor sentido que el de simplemente dar a luz ideas. Sócrates lo que hacía era ayudar a la propia alma de dialogante con el que tenía lugar a recordar (proceso de reminiscencia) aquello que ya sabía pero que olvidó en este proceso de encarnación. Pues el alma conocía perfectamente todas las cosas. Debemos recordar aquí la teoría de las ideas, que no deja de ser también una referencia a un alma que saliendo en cierto modo del cuerpo se encuentra con la luz del bien que le permite conocer de forma correcta todo lo que hay.
Estas ideas aunque en la actualidad puedan parecernos extraños para la Atenas de aquel tiempo no lo eran. Estos presupuestos eran habituales en los ritos de iniciación anuales al culto a las diosas Deméter y Perséfone que se celebraban en Eleusis[3] (cerca de Atenas), en la antigua Grecia o en los ritos órficos o en las bacanales dedicadas al dios Baco.


Ruinas de Eleusis


Estos ritos usaban un método de docencia muy característico basado en explicaciones mitológicas, que pretendían dar sentido y respuestas a inquietudes propias de la existencia humana, como por ejemplo: de dónde venimos, hacía dónde vamos y cuál es el sentido de estar en esta vida. 
Así mismo lo expresó Pindaro, iniciado en los misterios de Eleusis:

“Bendito es aquel que, habiendo visto estos ritos,
toma el camino bajo la tierra.
Conoce el final de la vida,
así como su divino comienzo.”[4]

O incluso el propio Cicerón:

“No solo hemos encontrado ahí la razón para vivir más alegremente
sino también que podemos morir con mayor esperanza.”[5]

Según nos dice Hoffman: “Los iniciados a menudo experimentaban en visiones la congruencia del principio y el final, de la vida y la muerte, la totalidad y el eterno campo generativo del ser. Tuvo que haber sido un encuentro con lo inefable, un encuentro con lo divino, y solo podía ser descrito con metáforas. Es sorprendente que la experiencia eleusina es descrita una y otra vez en antítesis: oscuridad y luz, terror y beatitud. Esta ambivalencia también es evidente en otras descripciones como la de Aelius Aristides, que dijo que Eleusis era:

La más acongojante e iluminadora de todas las
divinas cosas que existen entre los hombres.”[6]

En los ritos órficos el mito es otro pero la idea subyacente es la misma. Se habla de un alma proveniente de los dioses y un cuerpo material corrupto. En la iniciación al candidato se le revelaba una leyenda simbólica que encerraba toda la “gnosis” esotérica del misterio, el cual se daban afirmaba esa eternidad del alma que proviene desde otra dimensión a la sensitiva y una clara esperanza con la cual el ser humano no se queda en esta, sino que puede encontrar el camino de regreso a casa. Incluso esta idea se encuentra en rituales masónicos como el rectificado, en el cual en el primer grado se le presenta esa columna rota que teniendo su base en tierra, perdió la conexión con el cielo y es tarea del obrero masón de reconstruirla.
El iniciado órfico tras conocer la verdadera naturaleza de su ser, se da a un proceso de purificación largo que se realiza tras varias transmigraciones del alma o metempsicosis.
La finalidad de esta purificación es la de ser capaz de dominar sus pasiones e instintos para que una vez se haya fallecido el alma que se dirige al Hades encontrándose sedienta sea capaz de contenerse ante la primera fuente de agua que encontrará denominada “Olvido”. En ella beben casi todos los seres humanos que no aprendieron a dominar sus pasiones, deseos y no fueron lo suficientemente instruidos (es decir los no iniciados). Precisamente  esta agua es la que les hace olvidar su “vida” y “experiencia vital”, y el hecho de no recordar es lo que les hará de nuevo volver a esta tierra. Por otro lado, los “verdaderos iniciados” poseyendo el verdadero conocimiento en materia de estas cuestiones metafísicas y teniendo el sumo control de su yo, es capaz de continuar su camino, tras el cual encontrará una segunda fuente llamada “Memoria” en la cual podrá apaciguar su sed. Esta agua tiene la capacidad de dotar al que la bebe de sellar en sí eternamente el recuerdo de su vida. Prosiguiendo por este sendero, el siguiente encuentro será con un dios. Aquellos no instruidos lo suficiente y que bebieron del agua “olvido” serán condenados de nuevo a  la reencarnación o bien con la metempsicosis, en cambio aquellos que alcanzaron el nivel óptimo de catarsis y fue capaces de liberarse de los vicios propios de la carnalidad, renunciando a la primera fuente y apaciguando su sed en el agua de la “memoria” responderán:

“Yo soy un ser inmortal como tú, pues soy hijo de los dioses”.

Tras esto saludaban al dios de una determinada forma y manera que les hacía reconocibles a los dioses. Estos toques y saludos, les eran enseñados a los iniciados en los propios rituales.


Con esta idea como base de la concepción teológico religiosa de Grecia, la lectura que podemos hacer de la inscripción del frontispicio del Templo de Apolo en Delfos ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ (Conócete a ti mismo), adquiere una dimensión aún mayor que la que desde la modernidad podría otorgársele. “El conocerse a ti mismo” no es tan sólo el auto descubrimiento o reconocimiento de uno mismo. De su cuerpo, de sus defectos, su carácter, etc., sino que en el mundo clásico tiene que ver con ese descubrimiento de eternidad con el que el hombre es habitado. Es decir, tú no eres tu cuerpo o aquello que alcanzan tus sentidos a percibir, hay una realidad metafísica que es más verdadera que la que puedes percibir a simple vista. Tu alma proviene del mismo lugar de los dioses y tu hábitat natural no es este mundo por el cual peregrinas.

En masonería, el viejo adagio de “Conócete a ti mismo será un tema transversal de todo el primer grado. Como bien apunta Javier Otaola en su libro Ser aprendiz, aprender a ser la primera pregunta a la que se enfrenta el candidato en el umbral de la puerta de la logia es: ¿Quién va?[7]. Esta cuestión apunta ya hacía una reflexión que tendrá que hacer el candidato a raíz de este primer grado y es precisamente dar respuesta a quién es.
Esta reflexión no queda en este ejemplo como caso aislado, sino que este hecho se reitera de nuevo en la ceremonia de iniciación del candidato, en otro momento del ritual cuando el Venerable insta al candidato a buscar enemigos entre los miembros de la Orden, momento seguido sucede que el Venerable Maestro expresa: «No es siempre delante de uno que se encuentran los enemigos. Los más terribles, muchas veces, están detrás. ¡Volveos!». Momento en el cual el recién iniciado empieza a comprender que él es su peor enemigo y que la única vía que se le ha concedido para alcanzar la verdadera libertad es la que parte desde el conocimiento de uno mismo. O bien porque el hombre es un ser bueno por naturaleza pero corrompido por la sociedad como afirmaba Jean-Jacques Rousseau o bien porque su naturaleza es mala como entendió Hobbes, la única vía de salir de ello es por medio del conocimiento y educación. Por supuesto, el conocimiento parte del nosce te ipsum.
La masonería, al contrario que en los cultos mistéricos que si configuraban un corpus de creencias y conocimientos esotéricos de soteriología, no tiene un compendio doctrinal que creer, pero esto no quiere decir que no la celebración ritual no tenga presupuestos teológicos desde los cuales se idearon o configuraron dichos rituales. En el primer grado, la ceremonia de iniciación insta desde el principio al neófito a indagar tras “piedra” material de nuestro propio cuerpo sensible hasta llegar a conocer esa realidad metafísica que nos es propia y nos compone que va más allá de lo puramente sensitivo[8]. Esto quiere manifestar y declarar desde un comienzo que la masonería postula la creencia de un alma trascendente y no queda atrapada en postulados materialistas. Esto es altamente evidente cuando en la propia ceremonia lo primero que se hace es tener que afrontar la prueba de la tierra, no habiendo mejor metáfora para referirnos a lo que aquella cámara de reflexión simboliza: la propia tumba del recipiendario. Allí pacientemente queda a la espera de que le guíen en este proceso ceremonial, elaborando un testamento con ideas que serán pasadas por el fuego, haciéndole evidente que hasta sus propios pensamientos han pasado a mejor vida. El hermano terrible o experto pasa a buscarlo y lo presenta ante el trono de Salomón el cual le somete a un Juicio con interrogatorios de índole moral, para posteriormente pasar por los elementos purificadores  que le permitirán alcanzar la  verdadera luz.


Levantando el Maestro, por Il Guercino (c. 1650)

Esta dramatización está representando de forma fehaciente ideas de ultratumba cristianas en las cuales el que ha fallecido, queda a la espera de ser trasladado por los ángeles (figura del hermano terrible o mistagogo en los misterios antiguos), los cuales guiando al alma ante el trono de Dios esta es sometido al conocido como Juicio final, donde todos seremos juzgados. En este tribunal se determinará la salvación, purificación o condenación del sujeto. Precisamente como símbolo de que lo que se esta representando en este momento no tiene que ver con el cuerpo propiamente dicho, sino con el alma humana el candidato lleva un cordón alrededor del cuello reflejando fielmente la idea del cordón de plata del que se habla en los viajes astrales (cordón usado por el alma para saber volver sobre el cuerpo). Precisamente el detalle más interesante es que en este momento ese cordón ya está roto, pues viene sostenido de la mano del propio postulante a la iniciación. Esta alma tras ser sometido al Juicio de aquel que ocupa el Venerable trono, pasa por diferentes purificaciones antes de poder recibir la luz, que no es otra cosa que la representación de la visión beatífica de los místicos. ¿Pero por qué elementos el alma es purifica? Con los tres bautismos que se enuncian en Mateo 3: 11-12, el bautismo de agua (bien conocidos por todos), el del aire que es el del Espíritu[9] y el bautismo de fuego (este será el acto inaugural de la eternidad).
En este sentido, el primer grado sigue un postulado teológico-religioso en el que el alma actúa de manera independiente al cuerpo. Esta idea sigue la tradición que hemos venido hablando desde el principio. Un alma que no necesita de un cuerpo para subsistir y que tiene vida por su propia naturaleza. En cambio, la idea judía veterotestamentaria sobre este asunto es completamente opuesta a lo hasta aquí expuesto. Según la concepción judía de la muerte en el antiguo testamento y que pasará a muchos cristianos del nuevo, el alma no es independiente del cuerpo, sino un fenómeno unido al mismo. Pero analicemos dicho postulado detenidamente.
Como bien es sabido para los judíos Dios creó el mundo desde la nada (es decir ex nihilo). Incluso los cabalistas afirman que la Torah comienza con la segunda letra del Alefato hebreo que es la Bet (ב). Con ello el autor hebreo pretende expresar que no es la creación no es el principio de todo, sino que a bet le precede alef (א, letra que representa a Dios mismo). Dios creador de todo, hace el mundo y crea al ser humano, desde la materialidad del barro y el aliento de vida de Dios (su ruaj) creando así un alma viviente. Es decir, para un judío no existe el dualismo alma/cuerpo como en el mundo heleno, es todo una unidad. Por esta razón, los judíos no conceptualizan un alma separada del cuerpo y una vez el cuerpo muere el alma queda en un estado de no conciencia que requiere de la resurrección y un nuevo cuerpo. En Eclesiastés podemos leer por ejemplo:

Porque los que viven saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, ni tienen ya ninguna recompensa, porque su memoria está olvidada.

Incluso para el cristianismo primitivo la idea de resurrección es fundamental, como expresa el apóstol Pablo en 1 de Corintios 15: 13-14:

 Porque si no hay resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó: Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.

La idea de resurrección no es compatible con la creencia de un alma con vida propia, pues ¿Para qué va a resucitar algo que es eterno y tiene vida por sí misma?
Mientras para que para un griego el alma era eterna para un judío el alma se configuraba junto al cuerpo (por eso a Jeremías, Dios le dice en el vientre de tu madre te formé) y son realidades inseparables.

Esta idea judía se ve claramente representada en el tercer grado del ritual masónico. Cuando Hiram Abiff muere, alrededor de su ataúd se genera una serie de movimientos que representan el movimiento de los astros. El movimiento de los astros no es otra cosa que el tiempo transcurrir. Bien es sabido que del movimiento del sol, transcurre el día y la noche. Alrededor del féretro el mundo sigue su curso. El muerto sigue muerto y nada puede hacer por sí mismo. Está esperando, ¿pero qué espera? Si en el primer grado se identificaba al candidato con el alma, en este tercer grado se identifica plenamente con el cuerpo. Pues bien, el cuerpo no puede levantarse a sí mismo y necesita de un ser extra nos para volver a la vida. Curiosamente es por medio de la simbología del Venerable Maestro y con el toque de maestro que puede volver a la vida. Pero ¿qué tipo de vida es? Es una vida espiritual como nos deja claro el ritual al proclamar: ¡Es nuestro hermano Hiram más reluciente que nunca! Por supuesto está haciendo referencia a la resurrección del cuerpo en otra dimensión. En esta ocasión no tiene cordón. No es un alma. Es un nuevo cuerpo. Esta idea se aleja de las concepciones mistéricas de Grecia que hemos venido hablando y se adhiere a la conceptualización judía de resurrección del cuerpo. Incluso en los protestantes de tradición más anabaptistas, que utilizan el bautismo no como ceremonia de iniciación sino como de pase, el tercer grado les será muy familiar en muchas cosas. Pues el catecúmeno que va a recibir el bautismo, entra en el agua sumergiéndole y el pastor le levanta a una nueva vida con Cristo.
Esta idea se refleja muy bien en la historia de resurrección del propio Lázaro, cuando yaciendo muerto ya tres días y haciendo olor a putrefacto, el Maestro Jesús le devuelve a la vida por medio de su palabra. Recordemos que la palabra de Dios es creadora de vida y de todo lo que hay.


La resurrección de Lázaro, por José de Ribera (Museo del Prado)

Hiram Abiff, representado por el hermano masón que recibe en nuevo grado, necesita del toque del maestro para resucitar y tornar a la vida. Esa capacidad de regresar a la vida no la tiene por sí mismo y no su alma espera “durmiente” ante la llegada del Maestro que le levante de su condición de muerto. Es decir el postulado teológico-espiritual de este grado es contrario al presentado en el primero. Pues mientras en el primero se nos insta a conocernos como eternos, a descubrir esa eternidad que nos habita y que nos dota de ese estado intermedio que bien señaló Platón que nos convierte en seres “terrestiales”, el tercer grado se basa en una concepción judía del asunto en la que el alma no se separa del cuerpo y necesita de un maestro que le devuelva a la vida. Esta idea de resurrección del cuerpo no es única del judaísmo, sino que en otras como las religiones de cananeas o la egipcia (por ello lo de embalsamar o momificar el cuerpo) se encuentran. Incluso en el culto mistérico de Osiris. Por ello podemos afirmar que los mitos y símbolos que se le presentan al candidato de cada grado parten de postulados bien distintos e incluso contrarios de conceptualización, pero que coinciden en una cosa, en una realidad más allá de la existencia terrena dotando al masón también al más puro estilo de los cultos mistéricos de una cierta esperanza en el más allá de la vida material. El mismo Mozart cayó en la cuenta de ello y en la carta que va dirigida a su Padre después de que este se iniciará en la Orden, en la que su hijo expresa sus sentimientos de serenidad y superación del terror a la muerte que sufría tras pasar por su tercer grado.[10]




[1] Obra que el autor Walter Leslie Wilmshurst nos refiere como obra eminentemente iniciática
[2] Hoy en día religiones con la de Los Santos de los Últimos días también afirman algo parecido.
[3] De todos los ritos celebrados en la antigüedad, estos eran considerados los de mayor importancia.
[4] Hofman, A. El mensaje de los Misterios Eleusinos para el mundo de hoy. Disponible en: http://www.onirogenia.com/lecturas/el-mensaje-de-los-misterios-eleusinos-para-el-mundo-de-hoy/
[5] Op. Cit.
[6] Op. Cit.
[7] Otaola, J. Ser aprendiz, aprender a ser. Ed. masónica.es. Serie Roja. Ed. Abril, 2016. Publicada en Oviedo. Pág. 69.
[8] V.I.T.R.I.O.L.
[9] Espíritu en griego pneuma y en Hebreo ruaj tiene en ambos la connotación de aire.
[10] Otaola, J. La Logia y la Ley del deseo. Ed. Atanor. Marzo de 2011. España. Pág. 54. 

viernes, 4 de agosto de 2017

EL PUB ORANGISTA DE BENIDORM

Benidorm, en la costa mediterránea de España, es uno de los destinos turísticos más importantes de España. Lo que en los años 1940 no era más que un pueblecito de pescadores, con el despertar turístico español se convirtió en la tercera ciudad de España con mayor número de plazas hoteleras, detrás de Madrid y Barcelona. Con la diferencia de que Benidorm solo tiene 66.600 habitantes. En verano alberga en torno a 500.000 turistas.

El área de la Marina Baixa (la comarca donde se haya Benidorm) cuenta con unos 200 hoteles. Yo me gano la vida en uno de ellos.




Naturalmente, Benidorm, al igual que la Comunidad Valenciana, cuenta con una importante comunidad británica. En esta entrada del blog vamos a centrarnos en la decoración de un pub orangista que primera fue ubicado en el centro, y posteriormente llevado un poco más hacia la Playa de Levante de Benidorm.





El Acta de Sociedades Ilegales de 1799.

A lo largo del siglo XVIII se crearon en Irlanda grupos paramilitares que empleaban el ritual masónico con el fin de defender las distintas posiciones políticas. Inspirados por la Revolución Francesa, a finales del siglo XVIII se fundaba en Irlanda del Norte la asociación de los Voluntarios (Volunteers), paso previo a la formación, en 1791, por parte tanto de católicos como de presbiterianos, de los Irlandeses Unidos (United Irishmen). Bajo el lema de «Igualdad — Es la nueva lucha y será escuchada», esta asociación tendrá como fin promover inicialmente una radical reforma parlamentaria, así como la igualdad entre los irlandeses de todas las confesiones, para posteriormente abogar por la independencia de Irlanda y la creación de una república. Un fenómeno semejante surgió en Escocia (United Scotsmen) y en la propia Inglaterra (United Englishmen). Estas asociaciones paramilitares contaron siempre con un gran número de masones, y constituyeron su estructura y simbolismo a semejanza de la Masonería, al punto de crear Logias específicamente compuestas por miembros de estos movimientos, tales como la First Volunteer Lodge of Ireland nº 620, o regimientos de masones, como los Lowtherstown Masonic Volunteers. Además, debido a la secular anglofobia irlandesa, que se añadía a su ideología política revolucionaria, los United Irishmen habían contado con el apoyo de tropas francesas desembarcadas, lo que los convertía en auténticos quintacolumnistas.

Pero también había organizaciones protestantes que lo que perseguían era el asentamiento de colonos protestantes en irlanda. La única de estas asociaciones que ha perdurado ha sido la Orden de Orange. Esta orden fue fundada en 1795 para conmemorar los privilegios civiles y religiosos concedidos por Guillermo III de Orange a los protestantes y, en particular, su victoria en la Batalla del Boyne frente al rey católico Jacobo II el 12 de julio​ de 1690; así como en respuesta a los primeros avances del nacionalismo irlandés, que ya había conseguido representación en el Parlamento del Reino Unido e impulsado algunas tentativas secesionistas. Un detalle para el que tenga interés en la historia de la Masonería: la derrota en el rio Boyne, y posteriormente en Aughrim, iniciará la "fuga de los gansos salvajes" a Francia, en la que más de 12.000 soldados jacobitas (que con sus familias ascenderán a 24.000 personas) llevarán a Francia el germen de lo que será el Escocismo y los Maestros Irlandeses.

Esta asociación entre Masonería y las rebeliones puso a las asociaciones secretas en tela de juicio, de modo que en Abril de 1799 se aprobó la Ley de Sociedades Ilegales, que prohibía en Inglaterra y Escocia (que no en Irlanda, que no formaría parte del Reino Unido hasta 1801) la pertenencia a asociaciones que exigiesen un juramento y –entre otras medidas de control– sometía las imprentas a intervención gubernamental. 

Sin embargo tanto el Conde de Moira (Gran Maestro de los Modernos) como el 4º Duque de Atholl (Gran Maestro de los Antiguos e hijo del anterior Gran Maestro) lograron convencer al Primer Ministro William Pitts de que se excluyese a la Masonería de la Ley de Sociedades Ilegales argumentando la naturaleza moral y filantrópica de la Orden. El precio a pagar fue que las Logias proporcionarían anualmente al estado una relación de sus miembros que especificaría nombre, edad, domicilio y profesión. 

Dado que Irlanda no pertenecía al Reino Unido, y siendo su estatuto el de una colonia, el Acta de Sociedades Ilegales no le fue aplicada. Sin embargo, la aparición en escena de la Orden de Orange, así como de los Ribonistas (asociación católica rural irlandesa que actuaba contra los terratenientes), provocó la revocación del habeas corpus, así como la emisión en 1823 del Acta para la Prevención de Juramentos, que puso a todas las sociedades secretas fuera de la ley. La Gran Logia de Irlanda no consiguió quedar eximida de esta acta, de modo que quedó proscrita, tardando más de dos años en conseguir permiso para volver a abrir las Logias. No obstante, durante estos dos años muchas Logias cerraron para no volver a abrir, y las Logias irlandesas de ultramar quedaron en un limbo jurisdiccional.





Comencemos dejando una cosa clara: la Orden de Orange tiene un cierto tufo radical y es acusada de ser racista y anticatólica. Creo que todos hemos visto en televisión cómo provocaban a los católicos desfilando por sus barrios el 12 de julio. Digamos que los propios protestantes moderados marcan las distancias con respecto a ellos. Afortunadamente el actual ambiente político del Ulster es mucho más apacible que hace unas décadas.

Ciñéndonos ya al pub orangista de Benidorm, lo primero que hay que decir es que sus murales y decoración siguen la tradición de murales callejeros del Ulster. Os pongo algunos ejemplos ilustrativos:






El Alzamiento de Pascua (en irlandés: Éirí Amach na Cásca) fue una rebelión que tuvo lugar en Irlanda contra la autoridad del Reino Unido, el lunes de Pascua de abril de 1916. La rebelión constituyó el más conocido intento de tomar el control del país por parte de los republicanos para lograr la independencia del Reino Unido.













El primer local que los orangistas tuvieron en Benidorm estaba situado en el centro. Esta era su fachada:







Lo primero que nos deja ver este mural es que la Orden de Orange no trabaja en los tres grados de la Masonería actual, sino que trabaja con el sistema antiguo irlandés de Entrado y Pasado (que ellos llaman Grado Naranja) , Maestro Masón (Grado Púrpura) y Arco Real Púrpura. Esta es la razón por la que la Escuadra y el Compás están en Segundo Grado, mientras que también hay símbolos del Arco Real. La llave inclinada proviene de la tradición antigua, y se mantiene en el Rito de York. A los candidatos se les pregunta: ¿La llave cuelga o reposa? Si reposa, es que se guarda silencio; si cuelga, es que se han dicho secretos masónicos a quien no se debía. Las tres velas son las Tres Grandes Luces. La escalera es seguramente la Escalera de Jacob, y la Zarza Ardiendo conmemora la aparición de Dios ante Moisés, que es un elemento muy importante del Arco Real antiguo. No obstante, es también el símbolo de la Iglesia De Escocia, de carácter calvinista, por lo que es un emblema protestante. Arriba podemos ver la cruz y la corona, que era el emblema de la Masonería Antigua y actualmente del Rito de York. El símbolo de 2 1/2 probablemente sea la forma coloquial de referirse a los golpes de mallete en Primer Grado (en la Marca una secuencia semejante la llamábamos "two and a penny"). Las tres batallas que figuran escritas son la del Río Boyne, donde derrotaron a los jacobitas; la del Somme, en Francia, donde los irlandeses fueron destinados; y la actual -si quieren considerarla así- de Derry, una ciudad norirlandesa en la que, si ganan los protestantes las elecciones, se llaman Londonderry, y si ganan los católicos, se llama Derry a secas.


El pub actual está en C/ Kennedy. Estas fotos me las mandó David García Cooke, quien las hizo desde su moto. Tenemos pendiente ir allí a tomar una cerveza y a hacer mejores fotos; pero estamos en Benidorm y en agosto, y me parece que tardaremos más de lo que pensamos.



A la izquierda se conmemora la batalla del Somme. El personaje ecuestre de la derecha es, obviamente Guillermo III de Orange, quien derrotó a los católicos jacobitas en la Guerra de los Dos Reyes. La Piedra Angular del Arco tiene pintada el Ojo que todo lo ve y debajo figura la leyenda "Permanece ante mis puertas y sé juzgado". En la valla están pintadas la calavera y las tibias (símbolo inicial de la Masonería), la Cruz y la Corona (Rito de York), y las palabras "temor de Dios, honor, rey".





Me voy a permitir, humildemente, decir que creo que este mural contiene un error de consideración. El Gran Maestro dice "Permitidme abrir esta Logia", pero debajo figura la leyenda "La última cena dorada". Aunque aquí son quince, la expresión "Última Cena" evoca obviamente la presencia de Jesús y los apóstoles. En los orígenes del Rito de la Palabra de Masón, antecesor de nuestros ritos actuales, cuando los miembros de una logia operativa eran mayoritariamente protestantes calvinistas, se exigía la presencia de doce miembros para abrir la logia. Esto se debe a que los protestantes sabían que su talón de Aquiles era que ningún obispo se había hecho protestante, por lo que se les acusaba de que sus sacramentos eran falsos. Por ellos los protestantes desarrollaron un gran esfuerzo teológico para intentar demostrar que no eran necesarios obispos para la transmisión de la gracia. Ello se plasmó en dos hechos masónicos: 1) El Toque, que proviene de Gálatas 2, 9, momento en que Pedro, Santiago y Juan dieron la mano derecha a Pablo y Bernabé en señal de que "la gracia les había sido dada" (si Dios podía dar la gracia a Pablo, que no ha conocido a Jesús, porqué no a los reformadores protestantes). Y 2) Pentecostés, en que les llega la gracia a los presentes, representada iconográficamente como lenguas de fuego. Por ello las logias protestantes exigían doce miembros para abrir trabajos. Pero no por la Santa Cena, sino por Pentecostés. Por ello sería sensato considerar que el pintor del mural confundió ambos acontecimientos.





En este mural se conmemora la victoria del Rio Boyne, durante la Guerra de los Dos Reyes.