jueves, 7 de enero de 2016

MASONERÍA Y PROTESTANTISMO.

Ruinas de la catedral de San Andrés en Fife (Escocia). La que fue la catedral más grande de Escocia fue abandonada durante la Reforma de John Knox y, falta de mantenimiento, las duras condiciones meteorológicas del Mar del Norte acabaron reduciéndola a escombros.


Esta entrada del blog va a ser algo distinta, en el sentido de que, en lugar de rescatar algún aspecto histórico o curioso de la Masonería, predominantemente Antigua, voy a intentar exponer una serie de ideas, un tanto inconexas y no necesariamente coherentes, acerca de la importancia del Protestantismo en la Masonería, así como plantear algunas preguntas y posibilidades acerca de la Masonería Moderna. Reconozco de entrada mi ignorancia en el tema, así como mi incapacidad para ofrecer un esquema al respecto totalmente coherente y defendible. Más bien pretendo abrir el melón.

Sorprendentemente hay poca bibliografía sobre este tema, salvo alguna mención del historiador David Stevenson, y algunas opiniones vertidas en blogs franceses. Hay también un libro escrito por varios autores (Dachez, Tournu, Issartel, Combes, Hivert - Messeca, etc.) bajo el título Protestantisme et Francmaçonnerie, de la tolérance religieuse a la réligion de la tolérance (¡cuánta grandeur tienen los títulos franceses!) publicado en 2000. Este libro está descatalogado, pero la crítica que aparece del mismo en el número 14 de Politica - Hermetica, con el subtítulo de Le souverain caché (El soberano escondido), nos menciona las líneas generales de cada autor: Dachez hace énfasis en el carácter filoprotestante de la Masonería inglesa, y lo hace contrastar con el carácter criptocatólico de la Masonería escocesa (sobre esto volveremos después). Tournu hace resaltar el trabajo previo, dentro del protestantismo inglés, sobre el Templo de Salomón, pero esto sin duda se debe a la saturación que la cultura londinense experimentó en torno al Templo de Salomón desde el incendio de 1666, que obligó a reconstruir Londres. Issartel e Hivert-Messeca se van ya por el análisis político y social dentro de unas coordenadas que seguramente sean más francesas que inglesas.


John Knox, el gran
reformista escocés.
Quiero empezar citando un párrafo escrito por el historiador David Stevenson en The Origins of Freemasonry plantea la posibilidad de que la Masonería sea una respuesta al efecto destructivo de la Reforma en las Logias. la Reforma implicó un cambio no sólo en las creencias religiosas, sino también en la misma vivencia de la religión. Antes de la Reforma la religión no ofrecía únicamente un conjunto de creencias, sino que también sus ritos eran el acompañamiento de los momentos más importantes de la vida (nacimiento, matrimonio y muerte), de modo que los solemnizaba y realzaba su importancia social. Pero con la llegada del Protestantismo la religión se desplazó de las obras a unos abstractos actos de fe, y los rituales y procesiones de las fraternidades fueron prohibidos. La Reforma supuso la completa abolición de la faceta religiosa de los gremios, y fraternidades de naturaleza únicamente religiosa sencillamente desaparecieron, pues la razón fundamental de su existencia, cuidar del alma de sus miembros tras la muerte por medio de misas, había sido abolida por el Protestantismo. Las festividades de los santos dejaron de celebrarse, y las procesiones se suprimieron. Los autos no fueron proscritos, pero sí regulados, y la vida religiosa de los gremios desapareció casi en su totalidad. Stevenson coincide con Dachez en que la reacción inicial de las Logias escocesas es aferrarse al catolicismo, pero Stevenson solo lo afirma de las Logias de Edimburgo, aunque muy probablemente sí fuese un hecho más generalizado, pues un fenómeno semejante sucedió con las Logias operativas en Inglaterra, donde la nueva Iglesia Anglicana las consideró igualmente como criptocatólicas, al punto de que fue en las Logias inglesas de la Reforma donde se llevaron a cabo las primeras incineraciones de documentos de la historia para evitar que la Corona castigase a sus miembros.

Con el paso del tiempo la mayoría de los gremios se fue ajustando a la nueva religión, pero al cabo de dos generaciones la Masonería fue desarrollando una elaborada forma de ritual propio. ¿Es posible considerar la aparición de la organización y el ritual masónico como una respuesta tardía a la Reforma? David Stevenson así lo considera. La cuestión es por qué fue el gremio de masones únicamente el que desarrolló estos rituales, diferenciándose del resto de gremios. Stevenson sostiene que esto se debió a que el gremio de masones era en algunos aspectos diferente del resto. Probablemente tuviese ya, antes de la reforma, sistemas secretos de reconocimiento, así como una mitología notablemente florida, y las influencias renacentistas de la Arquitectura de Vitruvio, con sus referencias al culto Egipcio, habrían singularizado la masonería como una artesanía especial. Además, William Schaw había reformado la organización de la Masonería, disponiendo un sistema de Logias donde el ritual podía desarrollarse.

Es en 1717 donde aparece la primera situación que ofrece más dificultad de comprensión. La Masonería del norte de Inglaterra, Escocia e Irlanda iba en un camino marcado por el misticismo. Sin embargo, cuando se forma la Gran Logia de los Modernos, se pretende llevar la Masonería por un camino distinto, por lo que se plantea la primera pregunta de difícil respuesta de la Masonería en relación con el Protestantismo:

¿Por qué los Modernos, pese a contar con clérigos protestantes en su fundación, no querían que su Masonería tuviese carácter místico? 


La razón por la que los ni Antiguos, ni escoceses ni irlandeses reconocieron a la Gran Logia de los Modernos fue porque habían renunciado a la Iniciación. Ahora bien, tras renunciar a la Iniciación, ¿para qué se fundaban Logias de manera incesante?  Más aún, si eres un Pastor protestante y tu vida está articulada por la fe, ¿qué interés puedes tener en ignorar la visión beatífica? La situación llegaría al aparente absurdo de tener que ver cómo, en 1877, quien promovía la entrada de ateos en el GODF era precisamente otro Pastor protestante, Frédéric Desmons. 



Miembros de la Real y Antediluviana Orden de Búfalos

Otro aspecto que conviene tener en cuenta es que en el entorno anglosajón la Masonería no es algo tan claramente delimitado y separado del resto de la sociedad como en la Europa continental. Hay infinidad de órdenes paramasónicas, las cuales se dedican principalmente a fines caritativos: en el Reino Unido, a pesar del cese de actividad que supuso para la mayoría de ellas el Acta de Sociedades Ilegales de 1799, han otras existido órdenes sumamente importantes. Seguramente la más importante fuese la Antigua Orden de Druidas, fundada en 1781. Para que nos hagamos una idea de las dimensiones que adquirió, ofrecemos unos datos comparativos: en 1813, año de la Unión Masónica, los Modernos contaban en suelo inglés con 386 Logias y los Antiguos con 260. En 1846, la Antigua Orden de Druidas contaba, solo en Inglaterra, con 330 Logias y más de 310.000 miembros. 


Orden de Jardineros
Otra Orden sumamente importante era (y es) la Real y Antediluviana Orden de Búfalos, la cual en 1949 contaba -solo en la Commonwealth, sin contar con la Jurisdicción de Estados Unidos- con más de 4.000 Logias. Mencionemos también la Antigua Orden de Guardabosques, que en diciembre de 2012 tenía censados 65.221 miembros, solo en Inglaterra. Hacia 1950 existían en Inglaterra más de 30.000 Fraternidades, de las que en 2015 únicamente quedan unas 150. Resulta imposible estimar qué porcentaje de ingleses pertenecían a estas órdenes durante la primera mitad del Siglo XX. En 1950 la población inglesa ascendía a 40 millones de almas, de los cuales aproximadamente un 5 - 7% de los varones pertenecían a estas asociaciones. 



Uno de los mejores libros para conocer desde una perspectiva actual este tipo de fraternidades es Discovering Friendly and Fraternal Societies, de Victoria Solt Dennis. Es un libro muy popular y vistoso, con infinidad de fotografías en color, y tiene la relativa ventaja de que se centra en las Fraternidades creadas en suelo británico y deja al margen las estadounidenses, con lo cual facilita la comparación.  Basta hojearlo un poco para percatarse de algunas cosas: en primer lugar, que si bien estas Órdenes están estructuradas en Grados y tienen oficialías, ninguna ofrece nada que se parezca remotamente al Arco Real. En segundo lugar, que el simbolismo y la regalía es semejante, totalmente bíblico, aunque choca que un pasaje bíblico que aparece mucho en estas asociaciones no se encuentre en la Masonería: el buen samaritano. Otra cosa que se aprecia es que en suelo británico aparecieron Órdenes paramasónicas específicas para tratar el alcoholismo. Eran las denominadas Órdenes de Templanza, de simbolismo igualmente masónico, y donde se intentaba rehabilitar a quienes padeciesen esta problemática. Entre estas Órdenes destacaban los Rechabitas, los Hijos de la Templanza o los Buenos Templarios.


Mandil de la Orden Rechabita.
En Estados Unidos los porcentajes fueron sin duda alguna mayores entre la población blanca y protestante. La razón por la que muestro estas cifras es porque, si bien en la Europa continental la Masonería es una actividad sumamente restringida, en el contexto protestante anglosajón tiene un nicho tan amplio como ineludible. Dicho de otro modo: forma parte de la estructura ideológica y religiosa de la sociedad. Todas emplean regalía masónica y su fin es siempre el mismo: llevar a cabo obras de caridad. Lo que me hace plantearme una última cuestión: damos por sentado que en la Unión Masónica de 1813 los Antiguos obligaron a los Modernos a rendirse; con cierto honor, pero a rendirse. Sin embargo no deberíamos olvidar que, si bien esto fue así, el resto de fraternidades que emergieron se parecían mucho a los Modernos; es más, como veremos, seguramente respondían a la misma necesidad que ellos, ocupando un espacio amplísimo dentro del ámbito espiritual anglosajón. Seguramente, y visto en conjunto, el modelo que triunfó en el ámbito británico fue el no místico, aunque fuese bajo el nombre de otros gremios y asociaciones. En realidad, y aunque formalmente los rituales de la UGLE sean de naturaleza nítidamente iniciática -aun con las deficiencias del Arco Real inglés-, cualquiera que conozca mínimamente la Masonería inglesa sabe que no tiene el carácter purista de la escocesa, sino que sigue siendo un club donde la Iniciación es ignorada y a lo que sí se presta mucha atención es a la caridad. Los Antiguos pudieron imponer su modelo ritual, pero muy probablemente el modelo cultural inglés pervivió.





Regalía de la Orden de San Andrés de Antiguos Jardineros Libres.



Leñadores del Mundo

Hace casi dos años Víctor Guerra publicaba en su blog Masonería Siglo XXI un documento tan interesante como ignorado: los registros de una Logia en la que se habían presentado infinidad de planchas de naturaleza científica. Esa Logia no era la única que había hecho tal cosa. Este asunto lo vimos en la entrada



y aunque seguramente habría más Logias que hubiesen realizado actividades semejantes, desde luego no parecía que la presentación de Lecturas científicas fuese algo muy extendido; una cosa eran las Logias de la metrópoli cuyos miembros eran también miembros de la Royal Society, y otra las Logias de lugares tan distantes como Bristol o Birmingham. En el medio plazo, difícilmente podía ser esta la razón de ser del crecimiento de la Gran Logia de Inglaterra.



Quien por primera vez me puso en la pista de encontrarle un hilo lógico a esta situación fue mi amigo R.B., protestante español de tercera generación que, a pesar de su juventud ya había ejercido como Pastor. R.B. había compartido conmigo el entusiasmo por recuperar la memoria de F. de P. Castells. Por el camino se nos atravesó el personaje de Juan Cabrera, figura icónica del protestantismo español, y la primera derivada fue constatar el gran número de protestantes españoles que habían sido Masones.

R.B. me llamó un día por teléfono: "Oye, creo que ya entiendo lo que estaba pasando entre los protestantes y la Masonería".


Para plantearlo de manera sencilla, el asunto era el siguiente: si hay algo que la Iglesia Católica ha imprimido a fuego en nuestra conciencia, es que si somos buenos iremos al cielo, y si somos malos iremos al infierno. La responsabilidad de nuestras obras recae sobre nosotros, al igual que las infinitas consecuencias de nuestros hechos. Tenemos un total poder de decisión y en virtud de nuestras elecciones podemos ganarnos el Paraíso o condenarnos al averno. Por esto mismo no se nos considera naturalmente malos. Caídos sí, pero podemos ser buenos y nos merecemos una oportunidad.

El Protestantismo cambia las reglas del juego. Fijémonos en la Cinco Solas:

1•SOLA SCRIPTURA: La Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y práctica.
2•SOLUS CHRISTUS: La salvación se encuentra solo en Cristo, excluyendo así todo otro camino para llegar a Dios.
3•SOLA GRATIA: La salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo.
4•SOLA FIDE: La salvación solo puede ser recibida cuando ponemos nuestra fe en Aquel que murió por nosotros, excluyendo la posibilidad de que nuestras obras puedan contribuir.
5•SOLI DEO GLORIA: El propósito de la salvación que recibimos es glorificar a Dios.

Si nos fijamos en los puntos 2, 3 y 4, alcanzar la Salvación es algo que queda totalmente fuera de nuestro ámbito de acción. Esto, desde el punto de vista teológico, supone que las obras son innecesarias, y ello ha redundado en que el Protestantismo carece de una teología de las obras. Algo que para el católico es tan obvio como que si quieres ir al cielo es mejor obrar bien con el prójimo en lugar de obrar mal, en el Protestantismo no queda claro. De hecho se le otorga una relación no de causa sino de efecto: si has sido elegido para ser salvo harás buenas obras y no malas. R.B. consideraba, y yo comparto, que los protestantes intentaban encontrar en la Masonería el método moral para las obras que el Protestantismo no podía ofrecerles.

Y lógicamente al cabo de unos días no pude evitar acordarme del aparente sinsentido de los Modernos y las órdenes paramasónicas como Búfalos, Jardineros, Guardabosques, etc. ¿y si lo que Anderson y compañía -y si lo que la cultura londinense de 1700, y posteriormente la cultura británica de 1800 en general- buscaban no era una escuela iniciática sino una escuela moral subordinada de facto a un sistema religioso que adolecía de falta de teología de las obras? Seguramente este sería el contexto en el que se justificaría que no quisieran desarrollar un sistema iniciático completo; y precisamente por esta razón las obras de caridad en las Logias tendrían, y siguen teniendo, una importancia tan hipertrofiada. 

Ahora bien, esto planteaba otras preguntas:

¿Fueron Anderson, Désaguliers y demás los que tomaron la decisión de adoptar ese modelo, o bien se adhirieron a otro modelo ya popularizado en Londres?

Estamos siempre tan fascinados con la fecha de 1717 que parece como si en El Ganso y la Parrilla hubiesen descubierto en una sola tarde la rueda y la imprenta juntas. Pero observemos cómo lo plantea David Stevenson en su biografía de James Anderson:

La moda por los clubs crecía de manera rápida en Londres, estando formados por grupos de amigos que se reunían por placer social, con prominencia de bebida y canciones en sus actividades. Algunos gustaban de añadir rituales de Iniciación a sus actividades, que iban desde las más lúdicas a las más serias, con una interdependencia basada en supuestos lazos con el pasado distante. Algunas tradiciones especialmente notables, como las de los canteros, habían sobrevivido desde la Edad Media, y algunos clubs habían adaptado estas antiguas tradiciones al nuevo mundo de los clubs londinenses. En 1717 algunos de estos clubes tematizados en torno a la Masonería decidieron agruparse, celebrar un banquete anual, y adoptar un cierto grado de coherencia y reconocimientos como Masonería, eligiendo un Gran Maestro. El simbolismo basado en las herramientas de cantería estaba bien establecido (escuadras, compases, etc.), y se recurrió a la tradición para ensalzar las virtudes masónicas de hermandad, armonía y secreto. 
Vaya por adelantado que no comparto en absoluto la imagen que da Stevenson de los Modernos como un grupo de amiguetes que crean un club con simbolismo masónico de cartón-piedra porque fuera hacía mal tiempo y se aburrían en casa. De hecho Stevenson es escocés y en sus textos le cuesta disimular el cierto desdén que siente por la Masonería inglesa. Pero pensemos que la Orden de Jardineros Libres surge en Escocia hacia 1650, y en 1730 ya existía la Orden de Odd Fellows (Tipos Raros) en Londres. Más bien parece como si la Masonería escocesa e irlandesa, con su germen esotérico y místico, fuese la excepción dentro de una regla que iba por otros derroteros, y que los Modernos formaban parte de una corriente social más amplia.

¿Cuál era el móvil original de las cuatro Logias que se reunieron en El Ganso y la Parrilla en 1717? Sabemos que ese modelo de Masonería, como toda la Masonería británica, acabó saturado de moralidad, pero no solo la Masonería original no tenía ese sesgo, sino que ni si quiera en 1730, en Masonry Dissected, se aprecia nada en este sentido. Tengamos además en cuenta que algunas de las primeras Logias desarrollaron una actividad más propia de la Royal Society. Las reformas apresuradas de los Estatutos realizadas en 1723 y las modificaciones de 1725 demuestran que se encontraron con un crecimiento que no esperaban. ¿Acaso querían ser una inicialmente cosa y la realidad social les llevó por otro lado?

¿Hasta qué punto podría considerarse a los Modernos como una más de las órdenes benéficas, si es que puede considerarse una más de ellas?
Este tema es para mirarlo más a fondo...


Quiero mencionar ahora algunas diferencias entre ritos británicos y ritos franceses que pueden ser interesantes:

1) En Emulación, al abrir en Tercer Grado, el último paso del rito de apertura es que los Hermanos se inclinan en dirección al Venerable mientras dice: "Con gratitud nos inclinamos ante nuestro Maestro". Inmediatamente el Venerable Maestro hace el Signo Real y dice "Toda la Gloria al Altísimo". Esto es lisa y llanamente el Soli Deo Gloria, y nada semejante aparece en los ritos franceses.

2) En Emulación y en York, en la Obligación del Tercer Grado, el nuevo Maestro ha de jurar que nunca tendrá contacto sexual con las familiares de ningún otro Hermano Masón que le sean encomendadas para su cuidado. Esto denota una perspectiva del ser humano totalmente culpable y protestante. Ningún rito creado en una nación de cultura católica, como Francia, incluye ni incluiría una condición así.

3) La forma en que se incorporó el elemento moral a los ritos de Emulación y York es muy distinta a la que se aprecia en REAA y Rito Francés. Los Ritos de York y Emulación incluyen tras la Iniciación extensas Exhortaciones al Iniciado en las que se le detallan minuciosamente sus deberes en todos los ámbitos de la vida. En REAA y RF los rituales giran en torno a los Cuatro Viajes patrocinados por los Cuatro Elementos, y el contenido de la Exhortación tras la Iniciación queda al libre albedrío del Orador. Sin embargo, ambos rituales incluyen las preguntas previas de ¿Qué debe el hombre...? (estas preguntas fueron ya practicadas por la Masonería londinense), así como el examen que experimentará al comienzo de la ceremonia y todo el aleccionamiento posterior (la primera vez que se tiene constancia de que el Candidato pueda responder libremente a las preguntas que se le plantean aparece en el Ritual de Bristol, hacia 1760). En el Segundo Grado, la Masonería británica (Antigua primero, y después también la Moderna) incorporó las leyendas de Josué y Jefté, mientras que en los ritos franceses, ajenos a los problemas del sistema de Grados inglés, estas no se incorporaron, como apenas se incorporó tampoco el simbolismo del Templo de Salomón.


En fin, dejo aquí esta entrada destartalada con más preguntas que respuestas.