domingo, 19 de noviembre de 2017

EL MANUSCRITO REGIUS (1390)





Hoy vamos a tratar el Manuscrito Regius, que es el primer documento que se conserva de los denominados Antiguos Deberes, los primeros documentos y la formulación ritual más antigua que se conserva de la Masonería. Se da además la circunstancias de que el documento Regius es único en su especie: mientras que los demás manuscritos de Antiguos Deberes incluirán elementos profesionales y morales, el Regius incluye también el elemento puramente iniciático (entendiendo la Iniciación como fenómeno místico).

Para entender el manuscrito Regius conviene primero ponerlo en su contexto histórico. En 1066 habia tenido lugar la batalla de Hastings, en el sur de Inglaterra. En esta batalla las tropas normandas derrotarían al último rey anglosajón, Harold II, y comenzaría el largo dominio normando de Inglaterra. El tremendo peso de la cultura francesa en Inglaterra se daría a todos los niveles. A título de curiosidad os comento que hoy en día el 70% del vocabulario inglés tiene etimología francesa.

Abadías cistercienses en Inglaterra
Un elemento muy importante que entró con la cultura francesa fue el Císter. Durante los siglos XII y XIII se produciría un fenómeno religioso de origen francés: la Orden del Cister, que gracias a la energía de Bernardo de Claraval se extendería por toda Europa. La Orden del Cister practicaba la Regla de San Benito, y dado el extraordinario desarrollo y peso específico de esta Orden, su Regla se convirtió en un paradigma ritual. En una Inglaterra bajo gobierno normando, su desarrollo fue inmediato. Sin duda no solo fueron únicamente los usos masónicos los que se inspiraron en la Regula Monachorum, sino sin duda todos los gremios, máxime si tenemos en cuenta que la Iglesia era el principal cliente de muchos gremios. Era la etapa de las Cruzadas y el comienzo de la construcción de las grandes catedrales.

El Císter practicaba la Regla Benedictina; y además era uno de los principales clientes de los canteros, cuando los canteros no eran los mismos monjes, de modo que la influencia que tuvo la Regla Benedictina en los usos masónicos fue muy marcada. Tanto, que hoy en día los masones seguimos haciendo en nuestras tenidas muchas cosas prescritas por la Regla. Podéis ver la influencia de la Regula Monachorum en la Masonería en la entrada del blog que ya hicimos a este respecto:





Los Antiguos Deberes (Old Charges) fueron desde su aparición en 1390 (manuscrito Regius) los textos de la Francmasonería que servían en una logia de masones operativos para recibir, una vez al año, a uno o varios Aprendices en el grado de Compañero. Para entender la estructura de un manuscrito de Antiguos Deberes debemos tener en cuenta que se trata de un texto destinado a ser leído a un candidato que va a entrar en una corporación profesional antes de que preste su juramento, por lo que los Antiguos Deberes tienen tanto una función profesional como moral. En este sentido se trata de una práctica común a todos los gremios profesionales, cuyas ceremonias consistían igualmente en la incorporación al gremio y la enseñanza de los usos morales de la actividad artesanal en cuestión. En el caso de los masones, según figura en el manuscrito Regius, la fecha era el 8 de octubre, día de los Cuatro Mártires Coronados. Una peculiaridad del Regius, y que también lo diferencia del resto de Antiguos Deberes, es que está escrito en verso.



El manuscrito Regius, el más antiguo de los Antiguos Deberes que se conserva (1390).

El manuscrito Regius, ofrece la siguiente estructura:

versículos 1 – 86         Historia geográfica del oficio de la masonería.
versículos 87 – 496    Lista de deberes masónicos incluyendo el juramento masónico.
versículos 497–534    Martirio de los Cuatro Santos Coronados.
versículos 535–537    Diluvio de Noé.
versículos 538–550    Detención de la construcción de la Torre de Babel.
versículos 551–578    Elogio de las siete artes liberales.
versículos 579–794    Lista de deberes morales propios de todo cristiano.


Lo primero que se constata es que el documento Regius es de carácter cristiano; no solo eso, sino que en él se cita tanto a la Santa Iglesia como a la Eucaristía, de modo que su cristianismo es católico romano. Únicamente a partir del cisma de la Iglesia de Inglaterra con Roma podrán considerarse los Antiguos Deberes como textos de carácter anglicano. 

Según el juramento ritual del Regius, el recipiendario debía jurar «ante sus Compañeros y Maestros», lo que nos hace deducir que se trataba de un Aprendiz Entrado que iba a pasar al grado de Compañero (los Aprendices Entrados no contaban con ritual entonces). El recipiendario juraba «mantenerse fiel a esas leyes» que se le acababan de leer y se convertía en Compañero. Inicialmente nos encontramos con elementos profesionales, pues nos encontramos alusiones al constructor Nemrod (Génesis 10, 8 – 12), a la leyenda de los pilares antediluvianos, a Abraham descrito como constructor (Génesis 12, 6 – 8) y la torre de Babel (Génesis 11, 1 – 9). Sin embargo, a partir del versículo 497 y hasta el final, el Regius olvida por completo su razón de ser profesional para convertirse en algo esencialmente distinto: a partir de ahora nos encontraremos con una serie de referencias apocalípticas (la muerte de los Cuatro Mártires Coronados, el Diluvio y el fracaso de la torre de Babel), que se ven seguidas por un elogio de las siete artes liberales, donde se concentra el contenido iniciático del manuscrito.





A la hora de describir el fenómeno místico dela Iniciación, los masones operativos han realizado numerosas probaturas. Lo más habitual es que tomasen como modelo a algún santo del Antiguo Testamento, ya fuese Enoc, Besalel, Noé o, como es hoy en día, Hiram Abiff. Sin embargo, lo que hicieron los autores del Regius fue aprovechar la Regla Benedictina para, modificándola, plasmar la Iniciación. 

La Masonería actualmente está tan adulterada que nos olvidamos que su razón esencial de ser es la Iniciación entendida como fenómeno místico, y solo así adquieren sentido los rituales y la secuencia de grados. Pero hoy en día la encontramos mezclada con un laicismo que no siempre es moderado, del mismo modo que la encontramos mezclada con una vocación política incompatible con la verdadera Iniciación, pues el místico huye al desierto, no se pone a discutir en el ágora. Por ello puede chocarnos la afirmación de que la institución que más sabe de Iniciación es la propia Iglesia Católica, la cual la lleva practicando en sus órdenes religiosas más de 1600 años (y el que no lo crea, que lea a Teresa de Jesús o a San Juan de la Cruz para ver las descripciones más atronadoras y espectaculares de la Iniciación). 

En la Regla Benedictina la parte Iniciática está contenida en el capítulo VII La Humildad. Este capítulo es relativamente largo y consta de epígrafes como Una escala que se sube bajando, El temor de Dios, No hagas tu propia voluntad, Conténtate con lo peor, etc. Veamos lo que se dice en Una escala que se sube bajando:

Por tanto, hermanos, si queremos llegar a la cumbre de la humildad y llegar pronto a aquella exaltación celestial a la que se asciende por la humildad de la vida presente mediante los peldaños de nuestras obras, tendremos que levantar aquella escala que Jacob vio en sueños y en la que se veían ángeles bajando y subiendo. Sin duda alguna, en el bajar y subir no entendemos otra cosa sino que por la exaltación se baja y por la humildad se sube. Pues esa escala levantada es nuestra vida temporal que Dios eleva hasta el cielo por nuestra humildad de corazón. Los largueros de esa escala son nuestro cuerpo y nuestra alma. La vocación divina ha dispuesto en ellos diversos peldaños de humildad o de observancia que se deben subir. 

Los autores del Regius sustituyeron las virtudes que promulgaba el capítulo VII por las Siete Artes Liberales:

Muchos años más tarde, el buen clérigo Euclides
El oficio de geometría enseñó por el mundo,
Y en este tiempo hizo también
Diversos oficios en gran número.
Por la alta gracia del Cristo en el cielo

Las siete ciencias fundó;

Gramática es la primera, lo sé,
Dialéctica la segunda, me congratulo,
Retórica la tercera, que no se niegue,
Música la cuarta, os lo digo,
Astronomía es la quinta, por mis barbas,
Aritmética la sexta, sin duda alguna,
Geometría la séptima, y cierra la lista,
Pues es muy humilde y cortés.

En verdad, la Gramática es la raíz,
Todos la aprenden en el libro;
Pero el arte supera este nivel,
Como del árbol el fruto es mejor que la raíz;
La Retórica mide un lenguaje esmerado,
Y la Música es un suave canto;
La Astronomía da el número, querido hermano,
La Aritmética demuestra que una cosa es igual a otra,
La Geometría es la ciencia séptima,
Y distingue la verdad de la mentira, lo sé;
Quien de estas siete ciencias se sirva,
Bien puede alcanzar el cielo.



Es decir, lo que está haciendo el manuscrito Regius es sustituir las virtudes que pueden conducir a la visión beatífica, fin último de la Iniciación, por las siete artes liberales, afirmando que "Quien de estas siete ciencias bien se sirva, bien puede alcanzar el Cielo", y dándole un protagonismo muy especial a la Geometría, a la que describe, de una manera platónica, como "la que puede separar la verdad de la falsedad"; es decir, no estamos hablando de una disciplina práctica o profesional. 

Seguramente estaba ya extendida entre los masones operativos la creencia de que la Geometría era una disciplina espiritual, del mismo modo que debía haber ya, como sucede hoy en día, una tendencia masónica que renunciaba al misticismo. Esto lo sabemos por el manuscrito Cooke, de c.1410, el cual es de un carácter muy distinto. En Cooke no aparece ninguna exposición moralizante de los efectos del mal, y además la lista de las artes liberales, que en Regius era un trasunto de la Escalera de Jacob que, practicada filosófica o platónicamente, permitía acceder al Cielo, en Cooke es presentada únicamente como unas ciencias y artes que permiten resultar gratos a Dios mientras uno se gana la vida trabajando honradamente. Pero Cooke no solo abandona la idea de que la práctica filosófica de las siete artes liberales conduce al cielo a quien las practica, sino que identifica a la dialéctica con la sofística, lo que es un verdadero golpe bajo contra Regius, pues si este concibe la dialéctica como un escalón de la escalera que conduce a la contemplación del Bien, los sofistas, al contrario, tenían una consideración práctica de la dialéctica, y ya Platón criticaba de ellos su formalismo y sus trampas, que perseguían no ya discernir la verdad sino presentar argumentos falaces como sólidos por medio de artificios retóricos, independientemente de su veracidad. El autor de Cooke estaba acusando a Regius de hacer trampas y estaba emborronando voluntariamente su espíritu iniciático. No es de extrañar que, más de tres siglos después, cuando en 1717 se fundaron los Modernos, estos escogiesen como Reglamentos el manuscrito Cooke, con el que compartían el rechazo al misticismo, plasmado en el Arco Real de los Antiguos.

Aparte de su contenido iniciático, Regius tiene otras partes sumamente interesantes y que nos demuestran el gran ingenio de su autor o autores, y por ello resulta difícil leerlo sin quedarse prendado de un texto tan extraordinario. Por ejemplo, reproducimos la parte de Regius en que explica cómo debía comportarse un miembro de la logia cuando se hallase ante un noble o un señor:

Quiero además enseñarte,
Y a tus compañeros, oíd esto,
Cuando ante un señor te presentes,
En una casa, en el bosque o en la mesa,
La capucha o el gorro debes quitarte,
Antes de estar frente a él;
Dos o tres veces, sin duda,
Ante el señor debes inclinarte;
Doblarás también la rodilla,
Y tendrás así salvo tu honor.

No te pongas el gorro o la capucha
Hasta que te dé permiso.
Todo el tiempo que hables con él
El mentón alto con franqueza y amabilidad mantén;
Así, como el libro te enseña,
Mírale a la cara con gentileza.
Tus pies y manos ten tranquilos,
Sin rascarte, ni tropezar, sé hábil;
Evita también escupir y sonarte la nariz,
Espera a estar solo para ello,
Y si quieres ser sabio y discreto,
Gran necesidad tienes de gobernarte.

Cuando entres en la sala,
Entre personas bien nacidas, buenos y corteses,
No presumas de nada,
Ni de nacimiento, ni de tu saber,
Ni te sientes ni te apoyes,
Es el signo de una buena y apropiada educación.

No te dejes llevar en tu conducta,
En verdad la buena educación salvará la situación.
Padre y madre, sean quienes sean,
Digno es el hijo que actúa dignamente,
En la sala, en la cámara, donde te encuentres;
Las buenas maneras hacen al hombre.

Presta atención al rango de tu prójimo,
Para dirigirle la reverencia que conviene;
Evita saludar a todos a la vez,
Excepto si les conoces.
Cuando a la mesa sentado estés,
Come con gracia y decoro;
Vigila que tus manos estén limpias,
Y que tu cuchillo sea cortante y afilado,
Y no cortes más pan para la vianda
Que aquel que puedas comer;
Si así actúas junto a un hombre de rango superior,
Bien entonces harás.

Déjale que se sirva primero la comida,
Antes de tocarla tú.
No cojas el mejor trozo,
Aunque él te lo indique;
Mantén las manos limpias y decentes,
Para no tener que usar la servilleta;
No la uses para sonarte las narices,
Ni te limpies los dientes en la mesa;
Ni mojes mucho los labios en la copa,
Aunque tengas mucha sed;
Esto te haría lagrimear,
Lo cual no es demasiado cortés.

Mira de no tener la boca llena
Cuando vayas a hablar o a beber;
Si ves que alguien bebe
Escuchando tus palabras,
Interrumpe pronto tu historia,
Para que beba el vino o la cerveza.
Vigila además de no ofender a nadie,
Por achispado que esté;
Y de ninguno murmures
Si quieres salvar tu honor;
Pues lanzar tales palabras
En molesta situación te pondrían.

Retén tu mano en el puño
Para evitar decir: “si lo hubiera sabido”,
En un salón entre bellas damas,
Ata tu lengua y sé todo ojos;
No rompas en carcajadas,
Ni armes jaleo como un bellaco.
No bromees si no es con tus semejantes,
Y no cuentes a todos lo que has oído;
Ni te vanaglories de tus actos,
En broma o por interés;
Con bellos discursos puedes realizar tus deseos,
Pero también los puedes echar a perder.

Cuando te encuentres a un hombre de valor,
No debes llevar gorro o capuchón;
En la iglesia, el mercado o el pórtico,
Salúdale según su rango.
Si andas con alguien de un rango
Superior al tuyo,
Ves por detrás de él,
Pues esto es de buena educación y sin falta;

Cuando él hable, estate tranquilo,
Cuando acabe, di lo que quieras,
En tus palabras sé discreto,
Y a lo que diga presta atención;
Pero no interrumpas su historia,
Aunque sea debida al vino, o a la cerveza.
Que Cristo entonces, por su gracia celestial,
Os conceda el espíritu y el tiempo,
Para comprender y leer este libro,
A fin de obtener en recompensa el cielo.

¡Amén! ¡Amén! ¡Así sea!
Digamos todos, por caridad.



Puede encontrarse el manuscrito Regius íntegro en la web de la Gran Logia de España: