jueves, 5 de febrero de 2015

PARSIFAL, de Richard Wagner.


Parsifal (Jonas Kaufmann) levanta el Santo Grial en presencia de Gurnemanz (René Pape).


Cuando se habla de ópera y Masonería, la opción natural que viene a la mente es La Flauta Mágica, de Wolfgang Amadeus Mozart. La abundante presencia de simbolismo masónico e iniciático nos permite identificarla facilmente como una ópera masónica. Sin embargo, no es la única ópera que versa sobre la Iniciación (y no olvidemos que la Masonería no es más que una marca comercial de la misma, habiendo muchas más). Otras obras como Fausto o Lohengrin tratan igualmente facetas de la Iniciación; aunque ninguna llega tan lejos ni de manera tan ambiciosa y descriptiva como Pársifal.


Pársifal es realmente la única ópera que describe el camino iniciático desde su principio a su final. Y tiene el interés añadido de que el argumento original de Wolfram von Eschenbach no trata la Iniciación desde fuera, sino que es de los escasos relatos occidentales que describen desde dentro los fenómenos y transformaciones que acontecen en el alma del Iniciado. El escenario real de Pársifal es el alma humana, y todos los personajes son en realidad partes de él mismo. Las Palabras de Paso del Arco Real significan "mi pueblo ha obtenido piedad", significando la palabra "pueblo" la serie de cuerpos adheridos en torno al centro, los cuales es preciso sublimar. En Pársifal se muestra cómo evolucionan estos distintos cuerpos, que se comportan como si tuviesen entidad propia, y evolucionan. No todos comienzan a existir al mismo tiempo, sino que en la experiencia iniciática unos surgen y maduran, y otros se extinguen.




Titurel. No sabemos exactamente cuál es el significado del nombre creado por Wagner, pero la terminación "el" nos deja ver que se trata de un personaje celestial. Titurel es lo que en Masonería denominaríamos "el Centro", y es el núcleo divino del ser humano que conforma el conjunto de personajes. Debido a esto, Titurel nunca se deja ver en escena, sino que únicamente se le escucha cantando desde los bastidores en los momentos de transformación y metamorfosis. Titurel es el padre de Pársifal, y solo se entiende el sentido de la obra teniendo en cuenta esta relación paterno-filial (no olvidemos que la madre de Pársifal es Herzeleida, del alemán Herz, corazón, y Leide, pesar: pesar de corazón).


Kundry es unos de los personajes más extraordinarios creados de la obra wagneriana, quien fue concebida como un híbrido de la Judía Errante y la Magdalena Penitente.
Kundry representa la llamada de la naturaleza y los instintos. No es buena o mala, más bien se podría decir que es una buena sirvienta pero una muy mala señora. Si hay un personaje que pueda asimilarse al concepto de las posesiones mundanas de las que el iniciado debe despojarse, este es Kundry, y por ello el acto final de redención final implica su muerte. 

Klingsor la invoca bajo el nombre de Herodías, y ella misma narra que su pecado fue reírse del sufrimiento del Redentor en la Cruz. Siempre servicial, está al servicio de los Caballeros, pero su amo real es el perverso Klingsor. No obstante, el progresivo fortalecimiento espiritual de Pársifal la acaba sometiendo, de modo que es bautizada en el tercer acto.




Carl Braun como
Gurnemanz.
Gurnemanz es el elemento consciente del ser humano en su estado cotidiano. Hasta cierto punto es semejante a los Moradores o Sojourners del Arco Real, conscientes de su realidad actual, pero ansiando retornar a su estado primigenio. De hecho se especula que Gournemanz sea una deformación de journeyman, viajero. Gournemanz reconoce de manera intuitiva en Pársifal a su salvador, pero al principio se queda frustrado por la incapacidad de semejante bobalicón para realizar la empresa de purificación. Pero Pársifal responde a sus propias leyes de desarrollo, y será más adelante en la obra cuando sí demuestre tener la capacidad suficiente para tamaña labor.




Armin Jordan como Amfortas.
Amfortas representa el alma caída. El drama particular de Amfortas consiste en que siendo custodio del Cáliz (como símbolo de la capacidad para recibir al Espíritu Santo) y de la Lanza (como símbolo de la fuerza vital), no pudo evitar que el perverso Klingsor le arrebatase la Lanza. Pero no solo se la arrebató, sino que también le infligió con ella una herida que nunca se cierra y que bien puede definirse como la herida cósmica de la Humanidad. Cuando Amfortas comulga, el Sacramento le provoca que su herida sangre aún más abundantemente.

Tomas Tomasson como Klingsor.
Klingsor representa el mal, ante el cual Amfortas no pudo mostrarse lo suficientemente fuerte. Es en el Reino de Klingsor donde se adentrará Pársifal para tener que hacer frente a unas pruebas que no se espera: en primer lugar a las Doncellas de las Flores, las proyecciones mentales del propio Amfortas (los mala mentis gaudia de Virgilio), así como al ataque, mucho más frontal, de la carne, protagonizado por las insinuaciones, cada vez más abruptas, de Kundry a Pársifal.



Jonas Kaufmann como Pársifal.

La naturaleza del personale de Pársifal únicamente se entiende comprendiendo su filiación con Titurel (el "Centro"). Pársifal lleva su propia evolución al margen del resto de los personajes, por eso es común que los escenógrafos recurran a representar el nacimiento de un niño al principio de la obra, niño que posteriormente deberá ir creciendo. En el momento en que Gurnemanz le reconoce como su salvador Pársifal todavía no está los suficientemente desarrollado, de modo que será en el Tercer Acto cuando despliegue toda su fuerza redentora. Él recuperará la espada que Amfortas perdió, y con la misma lanza le sanará la herida producida por la Caída del Hombre.



No tiene sentido plantearse el explicar con profundidad en una mera entrada de un blog los entresijos de una ópera de más de cuatro horas. Pero esperamos haber dado al menos unas ciertas líneas generales acerca del simbolismo de Pársifal que puedan facilitar su comprensión y despertar el interés por esta obra, la ópera por excelencia del Viernes Santo, que es la fecha en la que transcurren los acontecimientos.



Tema de la transformación (Bayreuth 2012)



Kundry intenta seducir a Pársifal
y, ante su fracaso, invoca a las fuerzas
del mal y a Klingsor. (Bayreuth 2012)
 


Escena de la Comunión final.



Aunque la figura de Titurel nunca aparece en escena y solo se le escucha cantar
desde los bastidores, algunos escenógrafos aprovechan la Obertura para que haga
acto de presencia. En esta representación del Liceu, Titurel bebe la sangre de Amfortas.




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